HORROR: EL “CHICHO” MATA A FAMILIARES Y SECUESTRA A HIJOS Y SOBRINOS
– El móvil fue una venganza, alimentada por un antiguo conflicto
Villa Hermosa, Tabasco. – La ranchería Cañaveralito, en Chichicastle, municipio de Centla, Tabasco, está sumida en el dolor y la indignación tras un brutal multihomicidio ocurrido el sábado 6 de septiembre. Narcizo Reyes Jiménez, alias “El Chicho”, un exconvicto de 41 años, fue identificado como el responsable de asesinar a cuatro miembros de su familia y secuestrar a siete menores, entre ellos sus propios hijos y sobrinos. Dos días después, tras un amplio operativo, las autoridades lograron detenerlo y rescatar a los menores con vida, aunque la comunidad indígena de la zona exige justicia y cuestiona cómo alguien con su historial de violencia pudo quedar en libertad.
Según la Fiscalía de Tabasco, el crimen se trató de un ataque planeado con frialdad. “El Chicho” irrumpió armado en la vivienda de sus exsuegros, Jesús Ramírez Vasconcelos y Josefa Hernández, a quienes asesinó con disparos de escopeta. Otros dos familiares que intentaron detenerlo también fueron acribillados y rematados con machete, según relataron testigos. Vecinos señalaron que el móvil fue una venganza, alimentada por un antiguo conflicto: años atrás, Narcizo ya había disparado contra su suegro y tras ese hecho pasó una temporada en prisión. Haber sido liberado hace apenas tres meses resulta, para los pobladores, una decisión incomprensible.
Tras el ataque, el agresor huyó por la zona pantanosa llevándose consigo a siete menores: sus hijos, de entre 1 y 6 años, y dos sobrinos, además de una adolescente de 16 años. La Fiscalía activó de inmediato la Alerta Amber, mientras un despliegue de fuerzas de seguridad —Sedena, Marina, Guardia Nacional, FGR y autoridades estatales— rastreaba cada rincón de Centla. Finalmente, el lunes 8 de septiembre, la Secretaría de Seguridad confirmó la captura de Reyes Jiménez y la liberación de los menores, quienes reciben atención médica y psicológica.
El fiscal de Tabasco, Óscar Tonatiuh Vázquez Landeros, calificó al detenido como “extremadamente peligroso” e hizo un llamado a la calma, instando a la población a evitar actos de justicia por mano propia. A nivel comunitario, sin embargo, el sentimiento es de rabia y desconfianza. “No es posible que alguien así salga libre y venga a destruir a su propia familia”, expresó una vecina chontal. En redes sociales, la indignación fue igual de contundente: usuarios como @JusticiaCentla reclamaron la falta de controles en el sistema penitenciario con mensajes como “Esto es una tragedia que pudo evitarse. ¿Cómo dejaron libre a un hombre con tanto odio?”.
Especialistas también han cuestionado el caso desde una perspectiva estructural. María Elena Torres, criminóloga de la Universidad Autónoma de Tabasco, subrayó que la liberación de internos con antecedentes de violencia sin un seguimiento adecuado representa “una bomba de tiempo”. Para la académica, el sistema penitenciario carece de protocolos efectivos de evaluación de riesgo, lo que termina por exponer a comunidades enteras. Otros analistas añaden que la falta de inversión en prevención y atención de la violencia familiar deja a los niños en una situación de alta vulnerabilidad.
El multihomicidio de Cañaveralito es, para muchos, un recordatorio de la fragilidad institucional frente a la violencia doméstica y comunitaria en zonas rurales. Aunque la detención de Reyes Jiménez ha traído cierto alivio, el daño está hecho: cuatro vidas fueron arrebatadas y siete menores serán marcados por el trauma de haber visto morir a su familia.
Redacción Libertad y Expresión
Afiliado al Sindicato Nacional de Medios de Comunicación (SINMCO)
