2 MIL MUERTES Y MIL 900 DESAPARICIONES: SINALOA, UN AÑO DE ASEDIO

– El uso de la violencia como mensaje de poder entre facciones

Culiacán, Sinaloa. – Hace un año Sinaloa entró en una espiral de violencia tras la fractura del Cártel de Sinaloa entre los “Chapitos” y “Los Mayos”. La disputa territorial convirtió a carreteras, comunidades rurales y zonas urbanas en escenarios de enfrentamientos, bloqueos y desplazamientos forzados. El saldo, casi dos mil homicidios, más de mil 900 desaparecidos y decenas de menores entre las víctimas, de acuerdo con recuentos locales y de medios.

Expertos en seguridad coinciden en que la violencia escaló por la lucha por rutas, plazas y mercados tras la detención de líderes clave. El uso de la violencia como mensaje de poder entre facciones explica la brutalidad de ataques públicos, incendios y convoyes armados, mientras las fuerzas de seguridad respondieron con operativos que rara vez desarticulan la estructura financiera del crimen.

El impacto territorial ha sido devastador, municipios como Culiacán, Mazatlán y zonas del norte hacia Los Mochis concentran gran parte de los ataques. Escuelas suspendieron clases, negocios cerraron y eventos culturales como el tradicional palenque de Culiacán fueron cancelados, evidenciando los costos sociales y económicos de un año marcado por la inseguridad.

Mientras autoridades federales reportan disminuciones puntuales en homicidios, organizaciones civiles y analistas cuestionan la narrativa oficial. Subrayan que las cifras no reflejan desapariciones, desplazamientos ni el control territorial de grupos armados. Esta discrepancia alimenta la desconfianza y la percepción de que las políticas de seguridad son más reactivas que estratégicas.

En redes sociales, la indignación ciudadana se tradujo en hashtags, videos de enfrentamientos y llamados al autocuidado comunitario. Si bien muestran un tejido social que resiste, también reflejan miedo y hartazgo, la población reclama políticas que vayan más allá de la militarización y que atiendan la raíz social y económica del conflicto.

A un año del estallido, la pregunta sigue abierta: ¿Sinaloa vive una estrategia integral de seguridad o sólo paliativos? Los datos, las voces expertas y el sentir social apuntan a lo mismo: sin reconstrucción del tejido comunitario, alternativas económicas y justicia efectiva, cualquier reducción estadística será temporal y frágil.

Redacción Libertad y Expresión

Afiliado al Sindicato Nacional de Medios de Comunicación (SINMCO)